La historia del clan Puccio, un éxito en las pantallas

Los crímenes del denominado «clan» Puccio, que a principios de los ’80 realizó sonados scuestros extorsivos, algunos de ellos seguidos por el asesinato de sus víctimas, fueron abordados exitosamente durante 2015 por la televisión y el cine argentinos, a través de una serie y una película muy populares realizadas respectivamente por Luis Ortega y Pablo Trapero, cada uno desde perspectivas diferentes

puccio

La historia siniestra de esta banda familiar liderada por Arquí­medes Puccio se convirtió en el foco de atención de miles de televidentes, que una vez por semana dieron alto rating a la serie «Historia de un clan», dirigida por Ortega, y condujo a las salas a más de 2.600.000 espectadores para ver «El clan», último filme de Trapero, que ganó como Mejor Director en el Festival de Venecia por este filme que además fue elegido como el candidato argentino a los Premios Goya.

Ambos son directores de talento y reconocida trayectoria, dueños de miradas y estilos personales, que tomaron caminos diferentes para conmover con la recreación ficcional de hechos reales, y esas diferencias se notan, por ejemplo, en el tono retorcido, surrealista y absurdo que le imprimió Ortega a un caso por demás oscuro, que Trapero trató de manera más clásica y un poco más apegada al archivo periodí­stico y judicial.

Con Guillermo Francella como un Arquí­medes frí­o, hipócrita y calculador, ex colaborador de la dictadura que se convirtió en «mano de obra desocupada» con el regreso de la democracia en 1983, Trapero puso énfasis en el contexto polí­tico de la época y reveló la conexión entre los secuestros perpetrados por el clan y una gimnasia macabra de desapariciones forzadas, torturas y asesinatos en las prisiones clandestinas del gobierno que acaba de terminar.

En cambio, Ortega y Alejandro Awada, el protagonista de la serie, ahondaron en la psicologí­a enferma de un personaje mucho más complejo e indescifrable, que al igual que sus hijos, su esposa y otros cómplices de la banda parecen vivir en un mundo paralelo de imaginación barroca y estética kitsch, en el que sus cuerpos, sus rostros, sus palabras y sus gestos están deformados por la mueca horrible de la locura.

El nuevo largometraje de Pablo Trapero, transcurre a principios de la década del ’80, cuando Puccio -un contador del barrio de San Isidro vinculado con la Triple A y los servicios de inteligencia de la dictadura- empezó a idear y llevar adelante el secuestro de personas cercanas a él o a sus hijos Alejandro y Daniel, exitosos jugadores de rugby en el CASI.

Los resabios ideológicos de la última dictadura se manifiestan en el filme en las contradicciones humanas y éticas de los personajes, en la hipocresí­a de personas que aparentan pulcritud y disciplina, van a misa y se persignan antes de cada comida, poseen una buena posición económica y aceptación social, pero a la vez pueden mantener personas ocultas y en condiciones infrahumanas en su propia casa familiar.

Si bien quedó afuera de la carrera para los Premios Oscar de la Academia de Cine estadounidense, «El Clan» está nominada -y es una de las favoritas- en el rubro de Mejor Pelí­cula Iberoamericana de la 30ra. edición de los Premios Goya, que la Academia de Cine Español entregará el próximo 6 de febrero de 2016 en España.

Protagonizada por Awada, Cecilia Roth y el «Chino» Darí­n, como Alejandro Puccio, la serie «Historia de un clan» se exhibió por su parte en Telefé dividida en 11 capí­tulos -que se repetí­an al dí­a siguiente en la pantalla del canal de cable TNT- con un guión que tuvo como asesor a Rodolfo Palacios, autor del libro «El clan Puccio», que también fue una referencia periodí­stica importante para la pelí­cula de Trapero.

A diferencia de la pelí­cula, la serie dirigida por Luis y producida por Sebastián Ortega se volcó a imaginar la vida cotidiana de esta familia, en la que la esposa de Puccio, interpretada por Roth, y sus hijos Alejandro (Darí­n), Daniel (Nazareno Casero), Adriana (Rita Pauls) y Silvia (Marí­a Soldi), o eran cómplices directos de los crí­menes ideados por Arquí­medes o eran cómplices por silencio y omisión.

En cada una de sus emisiones, la serie escrita por Luis Ortega, Pablo Ramos y Javier Van de Couter sumergí­a al televidente en un universo oscuro y decadente, lleno de perversión y locura, en el que los personajes ofrecí­an el reflejo deformado de un paí­s que sufrí­a la herencia de una dictadura sangrienta, donde muchos eligieron convertirse en verdugos y muchos otros callaron o hicieron la vista gorda.

Ortega desplegó una puesta en escena cinematográfica admirable, estilizada, barroca, de atmósfera áspera y casi irreal, con situaciones extrañas y reacciones impredecibles, en la que se lee claramente un homenaje a cierta tendencia del cine griego contemporáneo como «Señorita violencia» (2013), de Aléxandros Avranás, y «Kynódontas» (2009), de Yorgos Lanthimos, donde la promiscuidad y la locura familiar son una constante.

Al igual que lo que ocurre con esas familias siniestras, que esconden puertas adentro lo peor de la crisis socioeconómica que azota a Grecia desde hace casi una década, el clan Puccio imaginado por Ortega revela la zona más oscura de la idiosincrasia de una parte de la sociedad argentina post dictadura: la de ocultar violencia y perversión detrás de una falsa apariencia de orden, pulcritud y respetabilidad.

Fuente: Télam

 

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