Las monedas, rumbo a desaparecer

En Argentina ya no se emiten más monedas por la inflación y por el insólito costo de acuñarlas, por encima del valor de lo que representan.

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Las monedas están en «extinción», ya nadie las quiere porque, simplemente, no sirven para comprar ni siquiera un caramelo. Eso el Banco Central lo tiene claro y, al menos desde marzo pasado, los datos oficiales indican que se ha frenado por completo la fabricación de las monedas de pesos.

Y ni siquiera se están emitiendo las «nuevas» de $5 y $10, que son las de más alto valor, y que se lanzaron entre fines de 2017 y diciembre de 2018. Es decir en menos de cuatro años dejaron de ser «útiles» para la entidad monetaria.

Las causas de esta decisión del organismo regulador oficial parecen ser, a las claras, la poca utilidad que hoy presta este tipo de denominaciones en el intercambio comercial, en un contexto de inflación que marcha por arriba del 6% mensual y que en todo el 2022 cerraría en torno al 100%.

A ello se suma que el costo de confección de este soporte monetario supera cada vez más de forma notoria el valor nominal que tiene cada ejemplar. Un valor que ya no sirve para cubrir a las compras mínimas cotidianas.

De hecho, la moneda de mayor valor no alcanza para cubrir un viaje en colectivo o subte, y tampoco ya se utiliza como medio de pago en este tipo de consumos porque fue reemplazada por sistemas tecnológicos más prácticos y económicos, como la tarjeta SUBE, el débito automático y el uso del código QR.

En resumidas cuentas, desde marzo pasado la cantidad total de monedas que circulan en el público y los bancos se mantiene inalterable en 9738,6 millones de unidades, entre las 9 denominaciones que existen en dicho soporte.

Así, las de 5 pesos se «plantaron» en 401 millones de ejemplares y las de $10 en 199,8 millones en los últimos 6 meses sin variaciones, según datos publicados por el BCRA.

Monedas sin uso, ni valor
El freno en la producción de monedas tiene distintas explicaciones para los economistas consultados por iProfesional, como el gran ascenso de los precios que va licuando el poder de compra de los pesos y la caída del uso de efectivo como medio de pago. Es que ocupan lugar, se complica trasladarlas y valen muy poco.

«Creo que la inflación ha hecho que las monedas hayan perdido su valor y uso cotidiano, algo que ha provocado que se hayan dejado de fabricar», resume Sebastián Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go.

Además, agrega que hoy el valor del material de la moneda termina siendo mayor al de su valor facial.

Entonces, los analistas perciben que se dejaron de acuñar monedas por el bajo valor nominal que tienen en un contexto inflacionario, a lo que se le suma el elevado costo que implica fabricarlas y su menor uso por la implementación de soluciones de pago tecnológicas.

«El sentido de la circulación de monedas es que tengan mucha rotación y cambien mucho de manos, por eso se usa ese soporte resistente, porque se conserva en el tiempo mucho más que un billete. Pero con este nivel de inflación que tenemos no tiene sentido producir más monedas, porque deja de ser útil por la pérdida de valor que se está teniendo del dinero», concluye Menescaldi.

En consecuencia, para que tenga utilidad la circulación de monedas en la actualidad, este economista indica que se necesitarían unidades de $20, $50 y $100, «pero eso implicaría también lanzar billetes con mayor valor a los de $1.000, algo que no se sabe por qué el Gobierno siempre desiste a realizarlo».

Baja de circulante y medios electrónicos
A los anteriores argumentos se le suman otros aspectos, como que en las últimas semanas se nota una caída general del circulante monetario y del crecimiento en la utilización de medios electrónicos de pago, donde se reemplaza y requiere menos uso de efectivo.

«La caída del circulante está relacionada con la modificación en los hábitos de consumo que se aceleró con la pandemia, que es el reemplazo de efectivo por pago con QR mediante plataformas o el mayor uso del débito automático. En ese contexto, es lógico que la cantidad de monedas no aumente», explica a iProfesional Claudio Caprarulo, economista principal de Analytica Consultores.

En este sentido, agrega que el límite al reemplazo de monedas y billetes en toda América latina es «la gran proporción de la economía que no está registrada, donde ahí sí o sí predomina el efectivo».

Monedas: costo de confección y alerta por reventa
A ello se le agrega el alto costo que implica su emisión, donde el precio del material con el que están confeccionadas supera varias veces la cifra nominal acuñada en el metal. A raíz de eso, algunas son revendidas y, por ende, retiradas de circulación por particulares para su fundición.

«El problema que tenemos hoy por hoy es que el costo de fabricar monedas de $1, $2 y $5 es mayor que el valor que estas representan, es decir, para poner en la calle y distribuir logísticamente por todo el país monedas de esas denominaciones se gasta un valor sustancialmente mayor que el que representan», detalla Augusto Ardiles, ex director de la Casa de la Moneda.

Y completa: «Por otro lado, si bien es verdad que al ser las monedas de $1, $2 y $5 electrodepositadas no tienen un valor de rezago de fundición, la moneda de $10, que está hecha de alpaca, sí lo tiene. Es probable que ya el valor de los elementos que la componen comience a costar más que el valor que representa. Así, puede suceder que en la calle las empiecen a fundir por su valor metálico».

Esta situación, de acuerdo a los datos que aporta Ardiles a este medio, «ha pasado en otras oportunidades con las monedas de 10, 25 y 50 centavos, y en la actualidad con las monedas bimetálicas de $1 y $2».

Por ende, el costo de fabricación es clave para determinar por qué se frenó la acuñación de monedas.

Según fuentes consultadas por iProfesional, el costo que implica hacer las monedas es nominado en dólares, cifra que el Banco Central paga a precio de dólar mayorista, que es el que estipula el propio organismo y que tiene una cotización que ronda los $141,5.

En el valor que implica hacer las monedas no sólo se incluye el costo propio del cospel como componente, sino también la mano de obra, empaque de las unidades y la entrega final (logística) al Banco Central. También los impuestos correspondientes.

Así, el costo de acuñar una moneda de $1 y $2 es de tres a cuatro veces su valor, ya que la primera sale $4,25 (o u$s0,03) y la segunda $5,66 (o u$s0,04).

Luego, la de $5 tiene un valor de u$s0,05, que representa $7,08 al dólar oficial. Y, finalmente, la de $10 es más cara de producir, porque está realizada con una aleación metálica, por lo que cuesta un total $21,23 (o u$s0,15) por unidad. Es decir, el doble de su valor nominal.

Fuente: iProfesional

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