Tuvo prostíbulos y como debió cerrarlos, obligó a su mujer a prostituirse en la calle

En agosto de 2015 la Gendarmería de Gualeguaychú allanó la casa de Ernesto Luis Marchesini en Primera Junta y Libertad por un caso de trata. El escenario con el que se encontraron fue terrible. Una santafesina embarazada había sido captada por el hombre. Lo condenaron a 5 años.

gendarmeria

Marchesini es un personaje conocido en la noche de Gualeguaychú. Este hombre de 59 años, oriundo de San Isidro en la provincia de Buenos Aires, fue regenteador del  prostíbulo “Tentación” en Urquiza y Nágera, y de otro en Pueblo Belgrano. Pero cuando la ordenanza municipal que prohibió la existencia de este tipo de comercio se hizo efectiva en Gualeguaychú, Ernesto Luis Marchesini debió cerrar sus negocios y buscar otras alternativas.

Esa alternativa que encontró llegó de la mano con otro delito: la trata de personas. Actualmente se encuentra alojado en la cárcel de Concepción del Uruguay desde mediados de agosto de 2015, cuando fue detenido por Gendarmería Gualeguaychú. Pero además, Marchesini contaba con un antecedente condenatorio de dos años de prisión condicional por tenencia ilegal de arma de fuego, que fue unificado con la última sentencia.

 

El principio del fin

El 13 de agosto de 2015 por la madrugada, una mujer se comunicó con la línea 145 del Programa de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, y denunció que “su pareja  Luis Marchesini la hace prostituir en la calle en Gualeguaychú”. En su desesperado relato, contó que lo había conocido en Santa Fe y que engañada con tener una vida mejor, viajó a la ciudad del carnaval.

Juntos vivieron en un domicilio de Primera Junta 487, esquina Libertad; durante cinco meses, y durante ese lapso de tiempo, Marchesini la obligó a prostituirse. La víctima mencionó que no la dejaba salir de la casa ni volver a Santa Fe, y que lo que la retenía eran sus tres hijos menores de edad. En su denuncia indicó que quedaban al cuidado de una niñera cuando ella debía estar en la calle.

En ese contacto telefónico contó todo lo que pudo y fue clave, primero para rescatarla de la explotación, y segundo para llevar a Marchesini ante la Justicia Federal. Mientras hablaba por el celular, Marchesini la vigilaba a una cuadra de distancia y refirió no poder realizar la denuncia en ninguna comisaría porque – y según sus propios dichos – Marchesini conocía a los policías.

 

Gracias a un cliente

Es obvio que una persona que se encuentra captada y en una situación de vulnerabilidad como lo estaba esta mujer, es imposible que pudiera tener un teléfono celular propio. Fue gracias a un cliente que le prestó su celular para llamar a su madre primero y luego a la línea 145, que se supo todo lo que estaba padeciendo.

Cuando su madre se enteró por la propia voz de su hija lo que estaba padeciendo, no dudó en viajar de inmediato a Gualeguaychú. Desde los organismos federales se desplegaron todos los protocolos y el Juez Federal de Concepción del Uruguay ordenó un allanamiento que se cumplió ese mismo 13 de agosto a las 23.45.

Cuando los gendarmes del Escuadrón 56 de Gualeguaychú arribaron al inmueble de Primera Junta y Libertad se encontraron con un móvil policial de la Comisaría Cuarta que había llegado al lugar alertado por una pelea familiar. Allí se constató la presencia de la víctima, en claro estado de nerviosismo, la madre de ella que recién había llegado desde Santa Fe, los hijos menores de la denunciante y Ernesto Luis Marchesini.

 

El juicio

En el Tribunal Oral Federal de Paraná se realizó a fines de agosto el juicio contra Marchesini, imputado de “promoción y facilitación de la prostitución de persona mayor de 18 años, agravado por ser el autor conviviente de la víctima”.

El fiscal Leandro Ardoy fue el que realizó el alegato de cierre y enumeró una a una las pruebas que había en la causa. Destacó que la declaración que realizó la víctima en sede judicial y en Cámara Gesell, fue “un relato expuesto con claridad y sin dudas, contundente y tranquilo, y en algunos momentos angustiada, dolida o quebrada por el llanto”.

Indicó que quedó probado que conoció a Marchesini en Santa Fe cuando tenía 24 años; mientras estaba inmersa en una situación de precariedad laboral y de una situación de violencia familiar, “sintió que Marchesini la protegía”. “Ella se fue enamorando y el imputado fue tejiendo una telaraña hasta captarla, al prometerle un mejor nivel de vida y trabajo, hasta que logró que se mudara a Gualeguaychú”, argumentó.

“Se incrementaron los celos como mecanismo de control y manipulación y, al regreso de uno de sus viajes a Santa Fe, el 3 de marzo de 2015, la invitó a ir a bailar para hacerla luego bajar del auto a comprar profilácticos y mandarla a prostituirse a la calle. Unos días después ella se negó y Marchesini le respondió con violencia física”, explicó Ardoy.

La mecánica consistía en llevarla él o mandarla en remís. No dejaba que se repitieran los clientes y la vigilaba desde una cuadra, diciéndole que era para cuidarla. Marchesini le ponía el precio a los encuentros sexuales: $ 350 la media hora y $ 700 la hora; e incluso le ordenaba los moteles a los que debía concurrir. Marchesini distribuía el dinero que ella obtenía y retenía casi todo; sólo le daba algo para comprar el alimento para sus hijos.

Toda esta situación de explotación sexual duró cinco meses hasta que la mujer hizo la denuncia, mientras estaba con un cliente, que no podía creer lo que le estaba pasando. Producto de su relación con Marchesini, el 1º de abril de 2016 nació su hijo menor.

“Marchesini no eligió al azar el lugar en que debía ofrecer sexo por dinero, sino que usó una esquina donde hay una armería, lo que indica la existencia de violencia simbólica. Ejerció sobre ella violencia física, psicológica, sexual y simbólica. La controlaba, usaba el mecanismo de los celos, la inducía a sentir culpa y vergüenza por lo que le obligaba a hacer, la amenazaba, colocaba a la víctima en una situación de la que ella no podía escapar. La obligaba a tener relaciones sexuales con él, en virtud de lo cual quedó embarazada. La diferencia de edad entre ellos -30 años- reforzaba el sometimiento de la víctima, quien había naturalizado la violencia y la explotación”.

La sentencia

Marchesini aprovechó el espacio que el Tribunal le dejó al final del juicio para defenderse. Manifestó que está “injustamente preso desde hace dos años por algo que no hizo” y que la denunciante “no se tomó en serio la denuncia” a tal punto que “está volviendo con el primer marido que la golpeaba”. Por último, pidió a los magistrados que tuvieran en consideración que es una persona mayor y que está enfermo.

Finalmente, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Paraná, por unanimidad, acordó declarar a Marchesini culpable y lo condenó a cumplir una pena de 5 años de prisión e imponerle las costas al condenado. Fuente eldiaonline.com

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